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Bienvenido/a

¡Hola! Y muchas gracias por dejarte un poco de tu tiempo en mi humilde morada. Espero que encuentres contenidos que te resulten útiles. No pretendo convencerte de nada sino compartir mi experiencia e inspiración. En esta página te adelanto un poco de lo que podrás encontrar en Suikawari.

La cabra tira al monte. Emilio Ramón.

La cabra tira al monte. Emilio Ramón.

 

 

De repente entendió que el placer residía en el camino, en la búsqueda, no en el objetivo realizado. A oscuras se encendían en su interior luces de ciudad. Qué paradoja, tener que cerrar los ojos para ver brillar la auténtica luz.

Suikawari. Una historia de corazón. Emilio Ramón.

¿Qué es Suikawari?

Suikawari es el nombre de mi sitio web, de mi blog. Y el título del relato que te dejo al final de esta página de inicio. También el nombre que cariñosamente le doy a mi equipo de guías y maestros espirituales, que no suelen dar sus mensajes firmados. Hablaré a menudo de este tema en el blog. Puedes encontrar muchos de estos mensajes y saber más sobre este asunto en la categoría del blog »Canalizaciones».

Sobre el por qué de este apelativo, inspirado en el juego japonés del mismo nombre, y lo que simboliza para mí, puedes leerlo en la pestaña »Acerca de Suikawari» (en el menú »Acerca-Acerca de Suikawari»). O haciendo clic en este enlace.

 

¿Qué temas voy a tratar en Suikawari?

En este blog me he propuesto escribir sobre varios temas que me apasionan, usando el hilo conductor de lo simbólico, que tan importante ha sido para mí en los últimos años y en mi crecimiento personal y expansión de la consciencia.

En Suikawari tendrán cabida temas como (haz clic en cada uno para ir directamente a la categoría o busca en la ventana de la barra lateral derecha en el blog en »categorías». Si no hay enlace o contenido quizá es que aún no he escrito sobre ese tema):

 

Puedes ver la etiqueta Azucarillos para leer reflexiones mías sobre temas de consciencia y espiritualidad.

 

 

El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana:

El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Emilio Ramón.Este es mi primer libro de haikus y tankas al estilo de la poesía breve japonesa, pero en castellano, y puedes irlo leyendo en el blog por entregas.

Por ahora no está disponible en formato papel.

Es un libro de poesía que refleja el encuentro con la sombra que hay en todos nosotros y la progresiva desidentificación con el ego para asomarse poco a poco a la luz que somos.

Hay una segunda parte ya escrita que transita por el lado más luminoso, y que publicaré un poco más adelante.

 

 

Relato: Suikawari. Una historia de corazón. Emilio Ramón.

Te dejo con un breve relato que me inspiró la fotografía y todo lo que puede significar simbólicamente el juego del suikawari para mí. ¡Te espero en el blog!

Pareja de japoneses jugando al Suikawari. Cupidojapan.com.

Pareja de japoneses jugando al Suikawari. Cupidojapan.com.

 

A tientas tomaba un palo mientras se dejaba vendar los ojos por ella. Confiaba de pronto ciegamente en su compañera, incluso más que con los ojos abiertos. Se hizo la oscuridad en su mirada y no le quedó a partir de ese instante más protección ni guía que la de sus suaves indicaciones.

Decidió abandonarse al juego. No conocía las reglas y eso lo hacía más emocionante. La tímida amiga se mostraba ahora con una seguridad que por un lado le imponía y por otro le excitaba. Sentía en esa dulce tiniebla una intimidad que en todo aquel tiempo de charlas nunca habían alcanzado. Con los ojos entornados la sentió más cerca que nunca. Le llegaba el olor de su perfume, se daba cuenta de lo bonita que era su voz, y de infinidad de detalles que hasta ese momento le habían pasado totalmente desapercibidos.

»¿Por qué tenemos ojos si vemos mejor sin ellos?», —se dijo para sus adentros—. ¿Cómo no me di cuenta antes…?.»

—Por ahí… no, más a la derecha… no, ahora un poco más a la izquierda…—indicaba ella susurrante.
—Como no subas un poco más el volumen no voy a encontrarla— proseguía él disimulando el placer que le producía ese dulce, como… detenerse del tiempo.

Ella continuó con sus indicaciones divertida; de vez en cuando maliciosa le daba una vuelta más para acabar de despistarlo. Aunque el que portaba la vara de madera era él se sentía cada segundo que pasaba más y más desarmado. Qué torpeza sentía… Daba palos de ciego sobre la hierba, salpicándole el vestido sin querer al saltar sobre un charco. Ella estallaba en una carcajada entrando en el juego sin reparos. Él jamás había disfrutado tanto de no encontrar algo en su vida. De repente entendió que el placer residía en el camino, en la búsqueda, no en el objetivo realizado. A oscuras se encendían en su interior luces de ciudad. Qué paradoja, tener que cerrar los ojos para ver brillar la auténtica luz.

—¡Aaahhhhhhh, jajaja, por fin has acertado, por fin! —gritó ella muerta de la risa—. Mira que te ha costado…

Ella se acercó para retirarle la venda de los ojos. Se miraron intensamente el uno frente al otro y se hizo un silencio, largo.

Ella le entregó lo que con tanto ahínco había perseguido a ciegas durante largos minutos. La miró, tomó la sandía y le ofreció el pedazo más jugoso de la parte del corazón.

—Pero… es tu premio, te la has ganado —dijo ella.

—No, lo que me he ganado es el privilegio de compartirla contigo —respondió él—. En Japón el que gana no se la come él solo, la comparte con el resto de participantes, eso es lo bonito del Suikawari, ¿no?

No sabía qué decir, se quedó muda pero ante la atenta mirada de él y viendo ese brazo estirado, que no parecía aceptar un no por respuesta, acercó sus labios y la mordió…

»Un momento… ¿no era al revés?», —se preguntaba—. ¿No era Eva la que ofrecía la fruta prohibida a Adán?». Pero qué más daba…

Emilio Ramón