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Sanación abundancia-prosperidad en Padmé Yoga Y más

 

Una sensación, ya muy reconocida últimamente, una sensación-certeza de amar, de amor, de ser profundamente amados… en un flujo constante, imparable, no programado, que traspasa y trasciende todo nivel humano conocido para, tan solo, sentir ese cauce que permite estar al servicio de todo lo que es. Vivimos una certeza de amor en total entrega a lo que se nos pedía en ese momento, a aquello para lo que nos habíamos reunido y que previamente no teníamos ni idea.
Olga García Alba
Una sanación grupal sobre la abundancia y la prosperidad. Y un de nuevo abrirme a saber que debemos hacer un ritual en esa dirección pero sin tener mucha idea de por dónde empezar ni cómo proceder.

He sentido previamente comprar unos croissants para celebrar al final esa sensación de abundancia. También hemos traído con Olga para preparar esta particular cornucopia cuatro plantas. Sentí hacer algo con ellas, como regarlas, plantar algunas semillas… Es lo único que tengo claro. Traigo mis cartas de Tarot, el péndulo, las piedras. Pienso que igual haré algo con ellas, o tal vez no.

Tres personas y la certeza de que no hemos venido a un taller. Ni yo a darlo ni ellas a recibirlo. Somos sacerdote, sacerdotisas oficiando una ceremonia, tengo esa sensación y se la expreso antes de empezar. Un cuarto dudó pero finalmente no tenía que ser. El cuadrado que preveía, la vibración del 4 como símbolo de lo material dio paso al triángulo que acabamos formando sin darnos cuenta.

 

No puedo, no merezco

Y es comenzar y siento que demos vueltas, me olvido de las cartas, del péndulo, empezamos a conectar realmente rápido. Llegan expresiones de carencia como «No puedo», «No merezco», y pregunto por qué, quién, de dónde salen. Y empezamos a canalizar y a darnos cuenta de que el alma de un niño fallecido en otro tiempo se está expresando, y de que esto que aparece es clave para equilibrarnos todos hacia ese flujo de sanación de la abundancia y prosperidad. «Ningún niño sin juguete», me viene, ningún niño triste, nuestros niños interiores tampoco, esto es esencial para vibrar en esa abundancia que invocamos. Se nos conecta con la necesidad de ayudar a ese niño a volver a casa y me llega un «Bienvenido, reconocido»… con su nombre.

Para nuestra sorpresa empiezan a llegarnos más nombres a cada uno, decenas, hasta llegar a reconocer con ese ritual a más de cien. Siento que tal vez en ese lugar hubo en otro tiempo un orfelinato, una guerra… Pero siguen llegando nombres que saludamos y reconocemos. Muchos se repiten. Incluso nombres que parecen muy antiguos, de otros lugares, británicos, franceses, vikingos… Niños y niños, partes de nuestras almas que fueron niños no reconocidos, no nacidos, abortados, muertos, nuestros árboles genealógicos sentimos incluirlos también… Lo que estamos moviendo parece trascender este espacio y este tiempo.

 

Un barco al Cielo

Y un barco que visualizo y en el que los ángeles disponen camitas con cabeceros de oro para los niños. Los reciben, los acunan, los cuidan mientras siguen llegando más y más. De pronto un niño dice que esa no es su camita, no la reconoce y señala un jergón al que se va a tumbar. Un ángel lo acompaña a su camita dorada para su sorpresa. Y poco a poco vamos entendiendo el movimiento, integrando nosotros tres con todos esos niños de forma amorosa y llenos de paz. El barco parece listo para zarpar rumbo a casa pero siguen llegando más y más niños… Hasta que sentimos que ya están todos y los despedimos junto a los guías y ángeles.

 

Un ritual

Finalmente dedicamos un tiempo, tras ayudar a subir al barco a los niños durante hora y cuarto, a sentirnos con respecto a los cuatro centros (mental, emocional, energético y material) y a sembrar, regar o abrazar la semilla de aquello en lo que estamos cada uno con respecto a cada centro.

Y terminamos porque nos dan las dos horas sin enterarnos como si hubiese pasado la mitad de tiempo realmente agradecidos y emocionados por lo compartido y vivido.

 

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Norberto

O el niño que se quedó en el centro y que no partió en el barco porque esperaba a su mamá. Me llegó días después, con un «Norberto no se fue, tiene mucho frío», y el lugar exacto en el que su alma esperaba en el centro a ser acompañada desde el abrazo de su madre. Finalmente llegamos en otra ocasión y lo ayudamos a partir con su mamá en un momento muy bonito.

 

Notas

*Fotos de Olga García Alba de su centro Padmé Yoga Y más. Boadilla del Monte, Madrid.

 

 

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