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Encontrar tu lugar en el mundo puede llevar su tiempo. Empezar una vida nómada y llevarte el trabajo a cuestas no va de estar siempre con un zumo de coco en una playa paradisíaca y con el portátil en una hamaca, como vemos en muchas fotos. El llamado «nomadismo digital» es una vida en movimiento, portátil, con lo que ello conlleva por ser una vida: sabores y sinsabores.

 

Dejarlo todo para empezar una vida nómada tiene retos constantes. En algunos momentos tienes ganas de volverte a casa, hasta que te dices: «Un momento, ¡¡¡pero si ya no tengo casa!!!».

Y ahí ya no sabes si echarte a llorar y hundirte en tus infiernos o elevarte cual globo a través de la risa, como hacía el Tío Albert en Mary Poppins.

 

Para decirle a los demás que hay un héroe o heroína dentro de ellos por reconocer y por potenciar, primero has de convertirte tú en héroe. Y nadie dijo que fuera fácil…
Empezar esta Odisea todavía frágil te garantiza que, aquello que pensabas dejarte en la zona de confort, se viene contigo en la mochila hasta que lo acabes de sanar.

Habrá que ir soltando lastre por el camino, y va a costar igualmente. Pero en movimiento habrá más obstáculos, es decir, también más oportunidades de progresar.

 

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Jardín Botánico de Perdana, Kuala Lumpur. Malasia.

 

Todo está por hacer, por crear. Se mezclan la incertidumbre constante y el mundo entero por descubrir. ¿A dónde voy ahora?

Puede ser terrorífico si nos enfocamos en el vértigo de la inestabilidad, pero realmente excitante si decidimos entregarnos a la aventura…

 

El camino del héroe

Desde hace tiempo supe que mi trabajo, desde el arte y desde la espiritualidad, debía servir para inspirar a otros. Pero para decirle a los demás que hay un héroe o heroína dentro de ellos por reconocer y por potenciar, primero has de convertirte tú en héroe. Y nadie dijo que fuera fácil…

 

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Jardín Botánico de Perdana, Kuala Lumpur. Malasia.

 

Una amiga y artista griega, muy conocedora de su cultura y su mitología, me repetía en uno de sus correos que para ella yo era una especie de héroe, un Ulises en su particular Odisea, y que era admirable por ello.

De vez en cuando tengo que recordar sus palabras, y las de otras personas queridas que insisten en que debería estar orgulloso por el paso que he dado. En los momentos bajos, cuando los obstáculos y vallas parecen infranqueables.

 

Aventuras y desventuras en Kuala Lumpur

Como sabes, si has ido leyendo los últimos artículos, te escribo desde Malasia, más concretamente desde la ciudad de Kuala Lumpur, su capital.

Más que el lugar, era cómo estaba yo en él…
Llevo ya tres semanas aquí, con una sensación de saturación provocada por el calor y el ruido de gran ciudad, a la que me salgo de mis cafés favoritos y del aire acondicionado. El vivir sin un sitio fijo aquí se me está pasando de presupuesto, algo que me agobiaba un poco también los últimos días.

Aquí no he encontrado sitios para meditar, relajarme, correr de nuevo por la calle o en la naturaleza, y eso siempre me pasa factura. El siguiente destino debe darme esa posibilidad, o pasaré de largo, lo tengo claro.

Encontrar tu lugar en el mundo puede llevar su tiempo. Empezar una vida nómada y llevarte el trabajo a cuestas no va de estar siempre con un zumo de coco en una playa paradisíaca y con el portátil en una hamaca, como vemos en muchas fotos. El llamado «nomadismo digital» es una vida en movimiento, portátil, con lo que ello conlleva por ser una vida: sabores y sinsabores.

 

Creer es crear

Cuando empecé a escribir este artículo ayer, el eco de algunos de esos sinsabores retumbaba en mi cabeza todavía, la rabia por un evento desagradable seguía bullendo. Y esta parte del artículo empezó a alargarse al recrearme en ese desafortunado suceso.

Todo cambiaba a la que dejaba de victimizarme y de sentirme pobrecito por lo que me estaba pasando.
Pues, al hacerlo ayer, en menos de una hora se replicó y manifestó en el tipo de persona que estaba criticando en el artículo. Como para recordarme lo rápido que nuestra mente y una buena dosis de pasión pueden crear afuera una fotocopia de nuestra pesadilla interna.

Ha habido dos temas que me han tenido en vilo y con bastante ansiedad en las últimas semanas. Han hecho que mi ánimo estuviera más sombrío, y que tuviera ganas de salir corriendo. Pero siento que he visto la luz de nuevo tras solucionarse los problemas.

Y, mientras escribo estas líneas, recuerdo con fotos como estas que el paso por esta ciudad, como por cualquier lugar que pisas, merece siempre la pena por muchos motivos. Con lo que, más que el lugar, era cómo estaba yo en él y algunas asignaturas por aprender.

Recuerdo cómo la gente desagradable, la falta de sonrisas y amabilidad en estas últimas semanas, los camareros que se olvidaban de mi comida (dos días seguidos), la gente que no me saludaba o no contestaba mis saludos, se transformaba de pronto en gente que se ofrecía a ayudarme y en sonrisas como la de la foto de la tarta de queso.

Todo cambiaba a la que dejaba de victimizarme y de sentirme pobrecito por lo que me estaba pasando.

 

Atardecer en el lago. Jardín Botánico de Perdana, Kuala Lumpur (Malasia).

 

Todo estaba en la mente

El enfocarme en ese suceso desagradable, que contenía lecciones y aprendizajes, espejos… me traía más personas así. Algo que sé de sobras que sucede pero que, al desconectarme en ocasiones, olvido y la vida me recuerda rápidamente.

El evento está relacionado simbólicamente con esa «conexión». Me enfoqué demasiado en el por qué mi internet iba tan lento (me habían timado con la sim y la recarga, y acabé saldando el tema con la policía de por medio).

Cuando me defendí del atropello, y cuando fui a dejar el tema resuelto y a recargar la tarjeta en otro sitio de más confianza, mi internet empezó a ir de nuevo bien. Y todo lo demás también: la conexión con los otros, a los que veía como potenciales estafadores en cada esquina, y la conexión conmigo.

La segunda preocupación desde que dejé Nepal era una infección de orina que venía arrastrando desde allí. En Nepal me puse enfermo al menos tres veces. Extraña febrícula, un no tirar del cuerpo, no poder levantarme por las mañanas. Y luego esa infección que acabó en los riñones.

¿No estaba en mi lugar, o no estaba en mí?
Mucha gente en Kathmandú enfermaba cada dos por tres, por los cambios de tiempo, así que no era solo yo; vi que era algo normal en esa ciudad especialmente, y en esa época.

Pero, más allá de las condiciones atmosféricas duras, los cambios de tiempo a los que siempre fui hipersensible, sonaba a que el mundo pesaba demasiado, a que mi cuerpo y mi mente no podían con tantísimo cambio de golpe. Mis riñones y mi cuerpo hablaban, se quejaban claramente. Una especie de nube depresiva se cernía sobre mí. ¿No estaba en mi lugar, o no estaba en mí?

 

Suikawari y mis queridos guías están siempre ahí

Una tarde, desperté de la siesta con este mensaje, que supe venía de mis amados guías espirituales, y enseguida pregunté cómo podía hacer:

«Estás mejor de lo que crees, amigo. Es en tu mente donde está el problema».

«Relájate, no te pongas tanta presión»

Esta mañana, la vida me ha mandado esta sonrisa en la tarta (foto destacada superior).

«Sé tú el faro de luz allá donde reine la oscuridad. No esperes la luz de los otros, dispara el fogonazo tú primero…»

… decían los guías en el mensaje que compartí en el artículo anterior.

Ha sido arreglar el tema de la conexión con el exterior y saber, tras un chequeo en un hospital, que la infección había desaparecido y las molestias que quedaban eran más mentales y emocionales, y volver a sonreír. De ahí a recoger más sonrisas ha sido cuestión de horas, lo mismo que cuando replico lo que no me gusta.

Poner todo esto por escrito es un recordatorio, para grabármelo a fuego y no olvidarlo. ¡Mil gracias a la vida por ese espejo universal que me hace de termómetro. Que me dice en cada momento qué temperatura tiene mi ánimo. GRACIAS.

 

*Imagen destacada de tarta de queso con sonrisa de caramelo por Emilio Ramón. © suikawari.com. Tomada en el Bubble Bee Cafe de Chinatown, Kuala Lumpur (Malasia).

**Imágenes del Jardín Botánico de Perdana, Kuala Lumpur, por Emilio Ramón. © suikawari.com.

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