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Esto no pasaría de ser una simpática coincidencia si no fuera por lo que la convierte en sincronicidad, por lo que uno percibe como una señal de algo que nos habla desde un nivel más profundo.
Deambulando por el meollo de Thamel Marg, en Kathmandú, un lugar llamado «El café sin nombre» llama mi atención esta mañana. La estrategia comercial definitivamente funciona: el mejor nombre, el que te invita a bautizarlo tú mismo.

Desde un pequeño cartel en una de las calles de este loco zoco nepalí se invita al aturdido viajero a entrar hacia un callejoncito en el que se encuentra este singular y agradable café.

Una vez se entra la sorpresa es realmente agradable. Es un café muy tranquilo y decorado con buen gusto, con muebles de madera y con una estupenda música muy de mi estilo (esta mañana suena música de guitarra acústica, folk pop…), donde se puede comer también.

Uno descubre pronto por las fotos de niños que cuelgan de las paredes y los cartelitos en las mesas que el local está vinculado a la ONG Our Sansar, que ayuda a niños de la calle en Nepal a través de diferentes proyectos. El dinero que aportan los clientes con sus consumiciones va directamente a los proyectos de esta ONG.

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Mi nombre en el sin nombre

Pero la mayor sorpresa me llega al entrar y escoger mi sitio en una silla y mesa ideales para escribir en el blog. Sí, en Nepal  la gente suele sentarse en el suelo o en taburetes, así que las mesas acostumbran a ser muy bajas. Por lo que una de las mayores dificultades en este viaje está siendo el encontrar donde escribir cómodamente.

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The Cafe with no name, Thamel, Khatmandu. Foto tomada de su página en Facebok.

 

Sin saber muy bien a dónde voy, la calma y el rincón donde concentrarme que buscaba llevan mi nombre. En el Café sin nombre. Qué poética paradoja.

Y ese 1943 reducido es un 17, que a su vez da 8, mi camino de vida  en numerología. Ese 8 de infinitas posibilidades que refleja también el momento en el que me encuentro.

 

Sincronicidades, señales…

Esto no pasaría de ser una simpática coincidencia si no fuera por lo que la convierte en sincronicidad, por lo que uno percibe como una señal de algo que nos habla desde un nivel más profundo. Pero, ¿por qué digo esto?

Lo que convierte estos detalles en sincronicidad es esa rima, esa poesía que se gasta el universo y que parece hacernos cosquillas en el corazón.

Anoche, hablaba con una persona precisamente de un detalle que para mí ahora es importante. Y las señales suelen rimar y aparecer como confirmaciones o respuestas durante el mismo día, al día siguiente…

Ando trabajando en un libro sobre espiritualidad y relacionado con el tema de los Registros Akáshicos. Y, aunque mi educación fue cristiana, desde los 13 años me desvinculé de la Iglesia católica.

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«San Andrés», José de Ribera, Siglo XVII. Colección Museo del Prado.

Pero en los últimos años, y tras empezar a manifestarse algunas capacidades psíquicas como la mediumnidad, todo vino unido a recibir constantemente sincronicidades que hacían referencia a nombres de Santos, a Jesús, María…

No era algo que yo buscara, ni que al menos a un nivel consciente estuviera en mi foco. En absoluto. Mi interés por las figuras de maestros espirituales era nulo hasta que ese bombardeo relacionado con la tradición cristiana empezó a llamar mi atención poderosamente.

¿Algo en mí estaba recordando su bagaje, su educación, la conexión con su linaje y esa cultura? ¿O iba más allá?

 

Santos

La conversación que tuve versaba sobre esto exactamente. Me he dado cuenta estos días de que desde que llegué a Nepal esas referencias no buscadas pero insistentes a Santos y Santas, a figuras relacionadas con la tradición cristiana, han desaparecido de mi camino en estas tres semanas que llevo ya aquí.

Ayer, mientras lo hablábamos, pensamos que podía ser por eso, porque en el momento en que me salgo de Europa y de Occidente, y voy a un lugar donde predominan religiones como la hinduista o la budista, una parte de mí olvida ese bagaje y empieza a procesar las señales recibidas a través de la cultura en la que estoy inmerso ahora.

Es decir, detrás de esas referencias que yo he vivido desde el cristianismo estarían las mismas energías, filtradas por cada ser en cada momento según su cultura. Esto es algo que hasta ahora tenía sentido para mí.

 

Pero de pronto una variable inesperada…

… hace temblar el tubo de ensayo… Ese cartel de la bodega de Burdeos Saint Emilion. Es el nombre de un tipo de vino, y de una villa francesa de los que no había tenido noticia hasta hoy.

Lo que convierte estos detalles en sincronicidad es esa rima, esa poesía que se gasta el universo y que parece hacernos cosquillas en el corazón.

No solo en el café sin nombre está mi nombre a la entrada en forma de vino, paradoja que llama poderosamente y que se siente como diciéndome algo, sino que además aparece vinculado a un Santo, Saint Emilion, una variante de mi nombre Emilio, que además me suena como una fusión de mi nombre completo para más subrayado: Emilion=Emilio Ramón.

 

Saint Emilion

Esto es lo que sé de este personaje por ahora.

En el siglo VIII, un llamado Emilion Bretón, natural de Vannes y famoso por sus milagros, decidió abandonar su tierra natal para retirarse y dedicarse a la oración. A lo largo de la costa atlántica, se hizo monje y luego se trasladó a Ascumbas, antiguo nombre de la ciudad de Saint-Emilion.

Acompañado por algunos discípulos benedictinos, fundó la primera comunidad religiosa y evangelizar a la población; creando así una ciudad monástica grande en el que los fieles dio su nombre.

www.saint-emilion-tourisme.com

 

Conclusiones

Deberé estar atento para ver qué más hay en el mensaje. Quizá en la historia de este personaje, en este lugar…

Pero lo que resulta fascinante es que anoche precisamente hablaba de que no veía santos ni vírgenes a mi paso, ni en las canciones, ni en las películas, etc, desde que salí de España. Y reaparece la figura del Santo cristiano y del monje resonando con mi nombre en este café sin nombre. ¡Y en Nepal, el último lugar donde uno se esperaría encontrarse algo así! Como diciéndome a modo de respuesta a mi pregunta de anoche:

¿Estás seguro, amigo?«.

 

 

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