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La separación es parte necesaria en el proceso de comprensión de lo que es un TODO, divisible. Es divisible porque necesita observarse desde distintos ángulos para verse en toda su magnitud.

 

El 1 se hace 2 cuando necesita verse a sí mismo desde otra perspectiva más amplia.
Nuestros amados guías + firman este mensaje ++, ¿O lo firma Dios, la Fuente? ¿O ambos? Y si todo es UNO, ¿realmente importa de dónde salieron estas palabras?

Te dejo con él y después vemos la relación con la carta del Tarot de Marsella que lo inspiró: el VIII de Espadas.

 

Mensaje de los Ángeles: La vida es un puzzle

A la vez, al mismo tiempo no. Despacio, separado cuando se trata de enfocarse. Una cosa, después la otra.

Esa es una buena manera de aprovechar la posibilidad de dividir, dividirse, fragmentarse, justo en la capacidad de analizar, desmenuzar algo para comprenderlo desde cada una de sus partes, o para enfocar la energía y la intención.

La separación es parte necesaria en el proceso de comprensión de lo que es un TODO, divisible. Es divisible porque necesita observarse desde distintos ángulos para verse en toda su magnitud. Separarse, fragmentarse, en un infinito de posibilidades desde la mente creadora que en todos sitios puede estar, colocarse, vivirse, experimentarse.

 

La vida en un caramelo

La dualidad no es mala o negativa en sí misma, es solo una posibilidad de vivirse, de observarse.

El 1 se hace 2 cuando necesita verse a sí mismo desde otra perspectiva más amplia. Y retorna al 1 sabiéndose más y mejor, con más intensidad, como un caramelo que el niño chupa una y mil veces hasta encontrar en él el más intenso de los sabores.

 

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El caramelo era uno, pero tuvo que hallar su sabor tras entenderlo a base de partes, tras observar en cada degustación un nuevo matiz. Tuvo que verlo deshacerse poco a poco en la boca, sentirlo en la lengua, primero más duro, sólido, después más blando, hasta hacerse prácticamente líquido.

Pudo comprender en el proceso lo que dura un instante de felicidad, lo poco que dura ese caramelo si lo masticas y lo comes deprisa, y lo mucho que deleita al niño saborearlo despacio, para que no se acabe nunca. En todo ese ir y venir a través de las cosas, de los momentos, la separación y fragmentación de lo que simplemente es completo, se ve todo lo que el alma necesita entender parte por parte.

 

Despejando la incógnita

Esto es un poco demasiado filosófico, os diréis. Pero solo a través de preguntas como esa volveréis a entender que lo difícil no es otra cosa que lo que es un todo del que aún no se han desmenuzado las partes.

El Todo ha sido comprendido finalmente desde la fórmula matemática que debía llevarnos a él.
Cuando se ha pasado por cada uno de los números de la ecuación el problema queda resuelto con una sonrisa.

La angustia existencial que nos azota cuando no conocemos la fórmula nos presenta lo sencillo como complejo. Pero, ay, cuando por fin dejamos que los números y letras se muestren, sin intentar agarrarlos por el cuello, cuando dejamos que se recoloquen y se muestren con todo lo que tienen que enseñarnos, hallamos por fin, despejamos la incógnita.

Y la fórmula que se nos presentaba con distintos parámetros, por fin resulta en un solo número. El Todo ha sido comprendido finalmente desde la fórmula matemática que debía llevarnos a él. Lo difícil, que lo era cuando aún no se había dividido, fragmentado, y transitado sus piezas, se convierte y se transforma en un resultado claro, fácil de entender.

 

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Nada que entender

Cuando ya no hay nada que entender, es porque ya se ha entendido todo, aunque suene a perogrullo. Pero de esta manera seguro que lo pilláis mejor, queridos alumnos aventajados de esta escuela de la dualidad.

Necesitáis pasar por todas esas partes, por todas esas preguntas, incógnitas a despejar en vuestra particular y personal fórmula del alma.
Cuando adultos, hay cosas que para vosotros son sencillas, ¿pero recordáis las cábalas que os hacíais de niños antes de que os dijeran aquello de «cuando seas padre comerás huevos»? Era todo tan difícil en vuestra cabecita aún inexperta, pero ahora todo aquello es más fácil, ¿no es cierto?

A veces en ese haceros adultos halláis las respuestas, y en ocasiones deberéis volver a ser niños porque las respuestas las tuvisteis y las perdisteis en ese camino que se intrincó demasiado, que se transformó en laberinto. De niños necesitábais transitar las partes, los caminos, navegar los ríos para confluir en el mar en el que todo tiene sentido por fin. De adultos debéis volver a la mirada del niño cuando todo se ha complicado demasiado.

Cuando de tantos caminos dolorosos llenos de piedras en el zapato no veis más que dolor, y ya no encontráis vuestra magia, la capacidad de crear infinita con la que vinisteis. Necesitáis pasar por todas esas partes, por todas esas preguntas, incógnitas a despejar en vuestra particular y personal fórmula del alma, para poder elegir cómo vivir el instante siguiente. Pero, si solo era un instante, y estaba bien así, ¿por qué tanto dolor y dificultad? Porque solo ahora que habéis pasado por ello podéis ver con el debido amor y sabiduría lo que antes era imposible de saber, de comprender, de integrar.

 

La vida, un puzzle

La vida es un puzzle, queridos, y en ella vais poniendo piezas, engarzando unas con otras, probando con cuál esta encaja y con cuál otra no, pero puesto que ninguna pieza está de más, tarde o temprano todas las acabaréis encajando, cual Sherlock Holmes resolviendo gloriosamente un nuevo caso.

 

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Niguna sobra, no lo olvidéis, solo está en el lugar equivocado. Y ni siquiera, porque en realidad ese lugar es solo una percepción equivocada, errónea, y en cuanto se os vayan limpiando las gafas o, mejor aún, en cuanto os las quitéis porque no las necesitáis, cada pieza estará en su sitio de forma mágica. Habréis resuelto el enigma de vuestra existencia, y el placer, la paz será cada vez mayor.

Nada es porque sí, toda pieza ha de encontrar su lugar pues en ese puzzle.

Por todas deberéis pasar los ojos, las manos, los dedos, a todas deberéis tocar en algún momento, y solo se dejarán colocar cuando sea el tiempo y el lugar adecuado.

Sed piezas de vuestro puzzle, sed todas. Veos en todas y desde todas, que vais a ver cómo ese caramelo aprendéis a disfrutarlo cada día más, a sentir que no se acaba nunca, que podéis crearlo y recrearlo una y mil veces.

 

Despedida

Queridos, queridas, os amamos, no importa quiénes, no importa cuántos, no importa cuánto. Desde el Todo nos diluimos en este mensaje para que sigáis teniendo la necesaria experiencia individual que vinisteis a encontrar y a vivir, y desde el UNO os saludo ahora que comprendéis un poquito mejor tal vez, que somos y soy lo mismo. Os amo.

Namasté.

Suikawari

 

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El VIII de Espadas

El palo de espadas habla del aspecto mental, intelectual. Y el 8 es una superación de la mente, un unirse con el Todo, con el infinito más allá de esa mente dual, alcanzar una trascendencia. Las flores que salen de esas espadas florecen más allá del intelecto, hacia algo sublime, hacia lo inefable.

En este mensaje, además de lo mencionado, también se relaciona este arcano con ese infinito de posibilidades que represneta el 8 cuando se ha superado todo el camino desde el 1 hasta el 7. El 8 es la perfección, el no va más. Y desde ahí solo se puede pasar al 9 del cierre de ciclo para mutar en algo nuevo.

Ese 8 de Espadas es el puzzle completo, en el que ya se han armado todas las piezas y todo se ha comprendido por fin. El problema de la dualidad se ha resuelto y se empieza a vivir ya como un juego de niños.

 

Notas

*Foto destacada y del artículo: arcano menor del VIII de Espadas. Del Tarot de Marsella, Baraja Lemat (Rodés-Sánchez), por Emilio Ramón. © suikawari.com.

**Foto de niños con piruletas: Imagen de Adina Voicu en Pixabay

***Foto de ecuación matemática: Imagen de Chuk Yong en Pixabay

***Foto de puzzle con árbol: Imagen de Hans Braxmeier en Pixabay

+Puesto que no me dan nunca nombres, identifico cariñosamente a nuestros Ángeles y guías con el nombre de Suikawari.

++El mensaje que me llega de un tirón, lo parto y estructuro con títulos para que sea más legible en el blog.

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