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Confía, que todo tiene un por qué y el viento jamás sopla por soplar.
A veces, nos empeñamos en dolernos por una oportunidad perdida, por algo que esperábamos ver llegar en nuestra vida, y que finalmente quedó como una puerta que se cerraba.

¿Y ahora qué?, nos decimos entre lágrimas y desesperación. Pero a menudo otra vía más conveniente para nuestra evolución se está desplegando. Y únicamente tenemos que abrir ojos y ventanas para ser capaces de verla llegar ante nosotros.

Recuerda cuando esto te suceda, antes de sumirte en la desazón de nuevo por esa puerta cerrada en tus narices: el portazo es la mejor manera que tiene el viento de abrirte una ventana. Confía, que todo tiene un por qué y el viento jamás sopla por soplar.

 

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No siempre puerta cerrada es igual a «Por aquí no»

Si nuestro ego se empeña en abrir caminos, que van en contra de nuestro propósito de alma, será probable ver más reveses y puertas que se cierran violentamente ante nosotros de los que cabría esperar. Es una manera en la que nuestra alma puede avisarnos de que tal vez es conveniente replantearse la dirección.

Pero, en ocasiones, una puerta que se cierra puede ser una prueba encubierta para nuestra fortaleza, para gritarnos un:

¿Lo quieres, pero cuánto, y cuánto estás dispuesto a arriesgar, a trabajar para lograrlo?

Si nuestro reto y desafío evolutivo en ese momento es desarrollar esa fortaleza, ese viento amigo puede cerrarnos la puerta para ver si tenemos la determinación y confianza necesarias en el camino difícil que nos hemos propuesto. Parecerá decirnos en ese caso: «Te la cerraré más fuerte, para que con más fuerza pruebes a abrirla de nuevo».

 

Sobre la fotografía

En mis viajes de 2019 tomé de nuevo con el teléfono móvil esta imagen de un mural callejero en el barrio de Chinatown, en Kuala Lumpur (Malasia).

Esa puerta cerrada contrasta con los niños y la ventana abierta…
Aunque en Georgetown o en Malacca hay mucho más arte callejero, y turismo que viaja especialmente para verlo, en algunos rincones de Kuala Lumpur como este se pueden encontrar también pequeñas joyas en las paredes.

Ahora que buscaba alguna imagen para ilustrar esta reflexión apareció entre mis fotos del viaje esta que me pareció ideal y totalmente al caso.

Esa puerta cerrada contrasta con los niños y la ventana abierta, que va mucho con esa forma que tienen de ver siempre posibilidades en todo y de no perder ni un solo día lamentándose.

 

Notas

*Foto de mural callejero en Chinatown, Kuala Lumpur, por Emilio Ramón. © suikawari.com.

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