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El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Entrega 5

 

Sigue el verano en El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Un verano improductivo del que la inspiración parece huir. El poeta de naturaleza otoñal no sabe, literalmente, dónde meterse.

 

Ya no se os oye,
gaviotas cantarinas,
tras las montañas.

Durante el día
se escuchan tantas voces…
no oigo la mía.

Tinta y tachones,
hoy no aparece el haiku
por ningún sitio.

Día sin versos,
mañana sin testigos,
día perdido.

 

 

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Flock of seagulls flying in the sky. Foto Rawpixel.com.

 

CONTINUARÁ…

©Emilio Ramón Pérez López

 

Comentarios sobre la quinta entrega

Esta serie es una de las partes del libro menos zen, por decirlo de alguna manera. Pero, como comenté en la primera entrega, es parte del proceso de ese reconocimiento de la propia sombra y también del aprendizaje en el arte del haiku, y no quiero huir de ella. ¡Viva la imperfección!

Corresponde a eso que yo llamo »pasos atrás», o a un tiempo de no-aceptación, de desánimo, de nostalgia y prurito.

Formalmente son también jaikus que incumplen varias de las normas del género. En los que el observador no acaba de entrar en la realidad que observa, perdiéndose en la mente y anegándose en unas emociones que no sabe controlar. Versos en los que al poeta le puede inevitablemente el »yoísmo».

 

Cómo cuesta estar aquí y ahora…

No hay tampoco kigo o referencia estacional, porque el que escribe en ese momento va yendo de un tiempo a otro sin centrarse.

Estos versos son testigo de muchos de esos momentos de inquietud, montados en una escena que refleja incomodidad, desasosiego, incapacidad de conectarse con el momento presente.

A veces nos perdemos el arcoiris y la maravilla por quedarnos enganchados en el recuerdo de aquellas gaviotas en la playa. Todo, con tal de huir de donde estamos. Y cuando se ve fríamente resulta tan absurdo, tan triste…

 

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Ya no se os oye/gaviotas cantarinas/tras las montañas.

 

Como es adentro es afuera

Y el ruido interno del observador produce más ruido afuera. Las voces y ruidos del vecindario, el calor, hacen que pongamos el foco afuera, cuando hemos perdido el foco adentro.

El ruido interno produce más ruido externo en el espejo, y el zumbido externo no deja escuchar a la voz interior; la pescadilla que se muerde la cola… El desaliento.

 

Si quieres leer las entregas anteriores del libro puedes hacerlo desde la etiqueta de El estornudo de un estornino.

 

Foto de fondo creado por rawpixel.com – www.freepik.es

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