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El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Entrega 24

 

La verde Vega.
¿Habrá nube más blanca,
nevada sierra?

Esta tímida primavera que asoma aún en El estornudo de un estornino parece coincidir con una especie de retorno al frío aquí en Cariño, donde estoy pasando este invierno eterno.

Seguiremos haciendo avanzar la primavera a base de haikus, y recuerdos de una etapa en Granada, ya que afuera siguen la lluvia, el viento y el frío buena parte de estos últimos días. Y justo en la segunda serie de esta entrega ese contraste entre la nieve de la sierra y la primavera se dan también.

 

Ciprés allegro,
¡tú también te cimbreas
con Locatelli!

Y de alegría
repicando mis dedos
al contar sílabas.

En un tejado
las ramas de una antena
con estorninos.

Antena en flor,
¡negra tu primavera
si es de estorninos!

 

estorninos-antena

 

Sobre las tejas
sonrisa de estorninos;
un parapente.

La verde Vega.
¿Habrá nube más blanca,
nevada sierra?

Urracas, patos,
palomas y estorninos;
¡qué concurrencia!

 

La lavadora y yo
bailamos jazz latino;
¡y el Sol entre las nubes!

Ciento volando…
A mí me gusta más que
pájaro en mano.

No entiendes, mosca,
de propiedad privada;
cosas de humanos…

 

hombre-dentro-lavadora

 

CONTINUARÁ…

©Emilio Ramón Pérez López

 

Comentarios sobre la vigesimocuarta entrega

Ya está acercándose al final la publicación de este mi primer libro de haikus y tankas. Antes de que entre el verano oficialmente daré por terminada esta publicación.

En esta incluyo tres series de poemas que se mueven de nuevo entre contrastes.

El movimiento y la alegría que trae la primavera, la pasión por el haiku que me llevó a escribir este libro y su segunda parte aún inédita, en ese recontar sílabas y ese movimiento de mis dedos que se convirtió casi en un tic.

A la vez el frío, que parece seguir presente desde esa perenne Sierra Nevada y los estorninos, más habituales en invierno.

Estatismo en esos estorninos en sus atenas y movimiento en ese baile al que hasta el ciprés o la lavadora parecen unirse.

 

La sombra que se resiste a iluminarse

Antena en flor,
¡negra tu primavera
si es de estorninos!

Este jaiku ilustra ese tiempo que coincide con este no-tiempo que hemos vivido forzosamente. Ese encuentro con la sombra del que habla  este libro desde la figura de ese estornino.

Y una primavera como símbolo de apertura, de luz, de salir del círculo vicioso, frenada por esos pasos atrás que esas sombras nos hacen dar para no acabar de desprenderse o hacerse comprender. Simbolizados en este caso en todo lo que nos mantiene en la parálisis o gestación del invierno.

 

Salir de la zona de confort

Ciento volando…
A mí me gusta más que
pájaro en mano.

En este poema contrasta también ese deseo de volar, de abrirse ya en esta recta final del libro, ante el pájaro en mano que simboliza lo conocido, o ese invierno cómodo de estufa y manta tras la ventana.

 

El apego

No entiendes, mosca,
de propiedad privada;
cosas de humanos…

El apego es cosa del ego, cualquier ser del reino animal es uno con el Todo y no entiende que se le vete un lugar, que sea propiedad de nadie. Estos versos con los que termina esta entrega número 24 quedan para acabar con una reflexión al respecto…

 

Si quieres leer las entregas anteriores del libro puedes hacerlo desde la etiqueta de El estornudo de un estornino.

 

Notas

*Imagen destacada. Foto de Emilio Ramón. Vistas desde ventana en Cenes de la Vega, Granada. © suikawari.com

**Foto de estorninos, Imagen de TheOtherKev en Pixabay

***Foto de lavadoras y hombre dentro, Imagen de Ryan McGuire en Pixabay

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