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El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Entrega 20

 

Y, como anticipaba la entrega anterior de El estornudo de un estonino, las sombras y el desánimo cunden en estas páginas invernales. También se enciende la luz de la consciencia…

Viento que hiere./
No hay sombra de rencor/
en ese árbol./
Perros y hombres tristes, poetas que se cuestionan sobre la necesidad que tiene el mundo de sus versos, animales más amables que los inhumanos vecinos humanos… Días de llover a jarros y viento implacable.

 

Un perro saca
a pasear a un hombre.
Los dos tan tristes…

Hoy me pregunto
si alguien necesita
estos tres versos…

Me dicen más
el ciprés y la urraca
que mis vecinos.

De tarde veo
en el cristal los fósiles,
restos de lluvia.

 

cuaderno-y-papeles-arrancados

 

Encapotado
cielo gris de palomas
en desbandada.

Monte en penumbra
bajo los nubarrones,
ya todo es sombra.

Hoy, cielo, pesas;
pareciera que caes
sobre nosotros.

Desenfocada
no luce hoy la ladera.
La lluvia arrecia.

 

cielo-tormentoso

 

No se detiene
por unas cuantas piedras
jamás el viento.

Jarrea afuera,
se agitan las ventanas;
yo aquí escribiendo.

Viento que hiere.
No hay sombra de rencor
en ese árbol.

 

CONTINUARÁ…

©Emilio Ramón Pérez López

 

Comentarios sobre la vigésima entrega

Para no cortar la escena, esta entrega incluye tres series, en lugar de las dos habituales en cada episodio.

Ese maltrato nos apunta a cómo nos tratamos nosotros también.
Y, una vez más, como en anteriores, repito que vemos afuera lo que está adentro en nuestro corazón, en nuestros pensamientos, emociones.

Vemos hombres tristes paseados por perros fieles porque de alguna manera nos sentimos como ellos…

Nos lamentamos por vecinos que nos ignoran, porque algo en nosotros suplica atención, en algún momento de nuestra existencia se sintió ignorado y no pudo procesarlo.

Porque ese maltrato nos apunta a cómo nos tratamos nosotros también, a cómo ignoramos quiénes somos realmente…

Las tormentas afuera nos sacuden por dentro… La ladera no se desenfoca, nos desenfocamos nosotros, el cielo no pesa, el peso está en nosotros.

Una luz en nosotros se enciende al ver que el árbol es incapaz de sentir rencor ante el viento… ¿por qué?, nos preguntamos.

 

Si quieres leer las entregas anteriores del libro puedes hacerlo desde la etiqueta de El estornudo de un estornino.

 

*Imagen destacada de hombre paseando perros cedida por Mylene2401 en Pixabay.

**Imagen de papeles arrugados cedida por Steve Johnson en Pixabay.

***Imagen de cielo tormentoso cedida por Alexas_Fotos en Pixabay

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