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El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Entrega 19

 

Cierro los ojos:
ángeles y demonios
dentro de mí.
El invierno ayuda a que las sombras se vean más grandes… Pero aún hay lugar para el disfrute de una taza de té caliente, un libro en buena compañía…

En esta decimonovena entrega del libro El estornudo de un estonino se anticipa el tono sombrío que se apoderará de las vistas de la ventana ya invernal en próximos poemas. Algo se agita por dentro…


Vecina ausente…

¿Quién gozará los frutos
de tu chumbera?

Taza vacía…

No tiene ya sentido
tu posavasos.

Nubes de tarde,
entre algodones viajan
luces y sombras.

Cierro los ojos:
ángeles y demonios
dentro de mí.

 

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Estás leyendo.
Cálidas son tus manos
sobre las mías.

Una tetera:
la tarde que se alarga
sobre la mesa.

Patio y vecinos
y un debate de altura
entre estorninos.

Olor intenso,
a guiso de otra casa…
¡quemado el mío!

Manos heladas
abrazando la taza.
¡Qué calentita!

 

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Estorninos en el tejado. 20-2-17. Cenes de la Vega, Granada. Emilio Ramón. © suikawari.com.

 

CONTINUARÁ…

©Emilio Ramón Pérez López

 

Comentarios sobre la decimonovena entrega

En estas dos series de poemas vuelve a haber un contraste, como en anteriores. En este caso es un contraste entre momentos de calma y otros de agitación. Luz y oscuridad. Frío y calor.

La luz se ve interrumpida por la ausencia de la misma en forma de oscuridad. Y esa tiniebla es la que ahora duele pero con el tiempo encenderá el candil de la sabiduría y de la verdadera luz que no se apaga. Paciencia…

 

Primera serie: la sombra

En esta primera serie de cuatro jaikus el que escribe se pregunta, haciendo un juego de palabras.

Vecina ausente…/
¿Quién gozará los frutos/
de tu chumbera?/

La visión de la chumbera abandonada, y de la casa que hace de segunda residencia solo una parte del año, evoca otra más allá. Higos malogrados por falta de cuidado hacen inevitable el juego mental. ¿Con quién estará esa vecina solitaria cuando no la veo?

Taza vacía…/
No tiene ya sentido/
tu posavasos./

Aquí parece haber un conflicto existencial, una evocacion desde esa taza vacía. El ego que no encuentra sentido a la situación actual habla en voz alta, ignorando que el alma sabe por qué…

Los dos poemas siguientes aluden claramente a esa luz que se ve amenazada con la llegada de las sombras. Pero en el último de la serie, queda patente que se empieza a asumir de alguna manera que la lucha no está afuera sino dentro.

Cierro los ojos:
ángeles y demonios
dentro de mí.

 

Segunda serie: la luz

Estás leyendo./
Cálidas son tus manos/
sobre las mías./
Esta segunda serie es más amable que la anterior.  Hay un momento de goce de ese invierno, en forma de té, libros y una mano que acaricia. Un placer indescriptible ante el contraste del frío y el calor de la taza, algo que se disfruta solo en esa época.

Con el té en la mesa no hay prisa, la tarde pasa sin hacer nada especial. ¿O sí? Ese pequeño instante que se alarga con la excusa y el disfrute del té, los libros, la conversación, podría ser un paraíso cercano.

Los estorninos siguen presentes, más que nunca en el invierno. Y en los tejados, junto al patio de vecinos, se convierten en parte de esa vecindad, comportándose como tales.

Hay incluso en esa parsimonia, un momento de pánico, tras detenerse demasiado a observar por la ventana a los vecinos. ¡El propio guiso se quema!

 

Si quieres leer las entregas anteriores del libro puedes hacerlo desde la etiqueta de El estornudo de un estornino.

 

*Imagen destacada de Arcángel Miguel y diablo en Notre Dame, cedida por: Günther Simmermacher en Pixabay.
**Imagen de té y libros, cedida por: Thought Catalog en Pixabay.
***Imagen de estorninos en el tejado, Emilio Ramón. © suikawari.com.

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