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El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Entrega 16

 

Habrá pasos adelante y atrás. Y, cuando empecemos a vislumbrar más allá, el sueño amenazará con cerrarnos los ojos de nuevo.

 

Ventana oscura,/
reflejos de una lámpara,/
Luna en la luna.

Con las últimas hojas que caen llegan las flores a los cementerios, como anunciando ese invierno que se acerca con olor a muerte.

El año, como algunas personas también, entra en la fase final de su existencia para dar lugar a la renovación de una futura y cada vez más cercana primavera. Unos sentirán esta renovación en vida, y otros al pasar al otro lado del velo.

 

Traen margaritas,
crisantemos, gladiolos…
Entra noviembre.

Intensa niebla
se extiende por el llano…
Arden rastrojos.

Libro en el suelo.
Silencio y calorcito.
Siesta de estufa.

Del viejo olmo,
una tarde de otoño
cae la última.

 

gladiolos

Gladiolos

 

Se sabe eterno,
aun tras perder sus hojas,
siempre el otoño.

Ventana oscura,
reflejos de una lámpara,
Luna en la luna.

Se apaga el día
y aún me quedan versos;
rebobinando…

En un barreño,
bañado por mi madre;
apenas meses.

 

 

Ya no se oye
aquel cuco insistente…
noches de fútbol.

Lleva mis ojos
un zumbido de avispa
hacia el candil.

Sospecho de ella…
tan alta y tan altiva;
Luna, me espías.

Abro la boca,
se me cierran los ojos;
este es el último…

Me llama el sueño
pero seguir despierto
es lo que quiero.

 

CONTINUARÁ…

©Emilio Ramón Pérez López

 

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Comentarios sobre la decimosexta entrega

Esta es una de las entregas con más poemas que he presentado hasta ahora. Por el momento narrado, la fase final del otoño, quería poner juntas estas tres series conectadas que anuncian ya el invierno en la Vega de Granada.

Estos jaikus muestran ya el ocaso de ese otoño hablando de la última hoja que cae, el día que se apaga… Sugiriendo ese invierno entrante con palabras e imágenes como las de la estufa, las típicas flores de los muertos (crisantemos, gladiolos, margaritas), los rastrojos que se empiezan a quemar cuando deja de hacer calor y, especialmente en otoño-invierno, la niebla…

En un barreño,/
bañado por mi madre;/
apenas meses.

El invierno invita también al recuerdo, al sentarse junto a la estufa con un libro, a revisar los antiguos álbumes de fotos, a quedarse dormidos junto al brasero o la candela en una casa de pueblo.

 

Contrastes

Y siempre el juego de contrastes aporta riqueza en el haiku. Lo eterno y lo fugaz, las hojas decoloradas y las flores llenas de colorido. El mundo de los vivos y el de los muertos.

El sueño y la vigilia, la edad adulta y la vuelta a la infancia.

El sonido del cuco se apaga también y da paso al rumor de las noches de fútbol, una vez entrada de pleno la liga y ya llena de emoción.

 

Despertar, seguir despiertos

Parece que uno de los motivos por los que venimos a esta experiencia terrenal es para superar el reto del despertar a nuestra verdadera dimensión espiritual.

Recordar, hacernos conscientes de eso que ya somos, pero desde la dificultad de lo humano, desde esa pista americana llena de pruebas y obstáculos que saltar y superar. Porque es desde esa densidad y aprendiendo por contraste desde la que realmente nos hacemos más conscientes, adquirimos sabiduría, compasión…

Me llama el sueño/
pero seguir despierto/
es lo que quiero.
Una vez empezamos ese proceso de despertar la cosa no es nada fácil. Habrá pasos adelante y atrás. Y cuando empecemos a vislumbrar más allá el sueño amenazará con cerrarnos los ojos de nuevo.

 

Si quieres leer las entregas anteriores del libro puedes hacerlo desde la etiqueta de El estornudo de un estornino.

 

*Foto destacada de flores en el cementerio: Imagen de vlanka en Pixabay
**Foto de gladiolos: Imagen de monicore en Pixabay
***
Foto de luna en la ventana: Imagen de Alfons Schüler en Pixabay

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