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El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Entrega 15

 

El recuerdo de un antiguo amor, de unas caderas de mujer en movimiento, sigue presente. Esa hoja debería caer por fin de la memoria, susurran los árboles llenos de hojas marchitas.

 

Nubes de otoño,/
no habita en aquel Prado/
quien os pintó.
La ventana de este libro es un marco que contiene, que a veces desborda.

En movimiento se convierte en una película. Y en calma, cuando todo ajetreo cesa, en una auténtica pintura en constante transformación y progreso.

 

Atardeciendo,
con mis ojos no alcanzo
a ver el cielo.

Nubes de otoño,
no habita en aquel Prado
quien os pintó.

 

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«Sierra Nevada en otoño, Granada». Joaquín Sorolla. 1909.

 

Otro crepúsculo:
paisajes a la fuga…
un solo lienzo.

Y otra pintura:
una pinacoteca
nuestra ventana.

 

Hoja que caes
con ese contoneo…
me la recuerdas.

Baja del árbol
y acepta su destino
digna y serena.

Aves de paso
me despiertan de un sueño
impresionista.

Fina llovizna,
coche en la carretera…
Cuadro, revives.

 

CONTINUARÁ…

©Emilio Ramón Pérez López

 

Comentarios sobre la decimoquinta entrega

En estas dos series de jaikus el otoño se despliega en la ventana como un cuadro inabarcable.

Aves de paso, un coche, nos despiertan de la modorra del otoño, de ese cuadro y la quietud de un paisaje en el que apenas pasa nada. Tan poco, que parece que estemos ante un tiempo detenido, observando en un museo la maravilla de esas nubes de algodón.

 

El otoño como símbolo del desapego

El otoño insiste en mostrarnos la lección del desapego, pero nos cuesta.

Hoja que caes/
con ese contoneo…/
me la recuerdas.
El recuerdo de un antiguo amor, de unas caderas de mujer en movimiento, sigue presente.

Esa hoja debería caer por fin de la memoria, susurran los árboles llenos de hojas marchitas.

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«Arce en otoño». Furutani Korin. 1893.

 

Este cuadro del japonés Furutani Korin, muestra un arce al estilo nipón, hermanado con los arces de la vega del Genil granadina descritos en este libro.

Esas hojas que caen, o que no caen todavía de los versos de estos poemas, son a menudo inspiradas por esos arces que se despojan también en Granada de esas enormes y bellas hojas que han vivido ya su ciclo.

Es tiempo de soltar, parecen decirnos.

 

Aspectos formales

Y de nuevo, estos haikus son más jaikus que haikus. Es decir, más una interpretación occidental que un ir a lo canónico. Pero no siento necesidad de retocarlos.

Una vez más, así salieron. Y, aunque no tengan todo de haiku, si tienen bastante. Sobre todo respetan el 5-7-5. Para mí es importante el ritmo que da ese ajustarse a la métrica.

Aunque en otros aspectos, como el kigo o palabra de estación, algunos lo cumplen y otros no. Tampoco tienen el obligado kireji (palabra de corte) muchos de ellos, o no está claro realmente.

Pero, como occidental escribiendo haiku, me muevo entre la tentación de renombrar estos poemas en cuanto al estilo y el considerar esa falta de como una aportación personal. Los lectores juzgarán.

Más allá de eso espero que susciten algún interés o sentido estético. Creo que expresan lo que sentía a través de palabras de forma muy sintética, y eso me deja satisfecho.

 

Si quieres leer las entregas anteriores del libro puedes hacerlo desde la etiqueta de El estornudo de un estornino.

 

*Foto destacada de nubes en Cenes de la Vega, Granada. ©Emilio Ramón.

**Foto de cuadro de Joaquín Sorolla: «Sierra Nevada en otoño, Granada». 1909. Guía del Ocio.

***Foto de cuadro de Furutani Korin: «Arce en otoño». 1893. Guía del Ocio.

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