acuarela-membrillo-antonio-lopez

El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Entrega 12

 

Unos te pintan
y otros se te comen,
vital membrillo.

La primera de estas dos series de jaikus empieza con un guiño cinematográfico a la película de Víctor Erice El sol del membrillo. En ella el pintor Antonio López observaba a su membrillo como un auténtico haijin japonés.

El membrillo y el caqui actúan aquí de kigo, o palabra de estación, dando la pista del momento en el que transcurre este episodio de la historia. Y, a pesar de la referencia, mientras escribo esto estoy muy lejos de esa Vega granadina.

No solo he de entrar en el territorio de la memoria por estar hablando de Granada desde Nepal, sino por estar haciéndolo del otoño cuando en Kathmandú estamos ya en verano. Pero voy a hacer lo que pueda por meterme de nuevo en el instante…

Y, atención, porque en esta escena va a hacer su aparición  el protagonista de nuestra historia: ¡el estornino!

 

Unos te pintan
y otros se te comen,
vital membrillo.

Un gorrioncillo…
él no mueve ni un músculo;
¡tremendo salto!

Caqui cargado,
también espantapájaros
ninguneado.

 

 

Calla el gorrión
por un instante… llega
¡un estornino!

Dejó el gorrión
su sitio en el membrillo
¡al petirrojo!

Frutal de otoño,
al clic de esa escopeta
¡batir de alas!

 

CONTINUARÁ…

©Emilio Ramón Pérez López

 

Comentarios sobre la decimosegunda entrega

El arte y la vida… Unos se alimentan de palabras y de pinceles y otros, mucho más prosaicos, de membrillos, caquis y gorrioncillos.

Y en ese engullir, y en esa destrucción de lo perfecto hay también perfección.
En estas series se sugiere mediante esos frutales la estación del otoño, pero también unos animales cazados nos llevan a visualizar a sus cazadores sin siquiera nombrarlos. El haiku es economía de lenguaje, y decir lo máximo con lo mínimo, entre muchas otras cosas.

Lo sutil y lo terrenal se entremezclan en esta secuencia en la que, mientras la naturaleza posa como perfecta modelo, la vida se afana por alimentarse, y deprisa, porque tiene mucha hambre. Y en ese engullir, y en esa destrucción de lo perfecto hay también perfección. Porque nadie dijo que lo perfecto debiera estar siempre en quietud o en calma.

 

Si quieres leer las entregas anteriores del libro puedes hacerlo desde la etiqueta de El estornudo de un estornino.

 

*Foto destacada de acuarela del membrillo de Antonio López, extraída del blog Fibrosarte.

**Imagen de caqui: Imagen de parkbyungki en Pixabay 

 

Share: