tetera-y-taza-de-te

El estornudo de un estornino. Haikus de la ventana. Entrega 11

 

Unas burbujas/
y un poco de paciencia…/
Mi té está listo.
Sin prisa transcurre una mañana de otoño frente al río Genil. A través de las burbujas que se hacen esperar aprendemos la paciencia, que siempre trae premio a nuestra perseverancia. Aquí en forma de rica y humeante infusión.

El té nos invita saborear el momento, y a dejarnos llevar por el vuelo errático de una hoja con el viento. Parece que cayera en una especie de slow motion, como a cámara lenta. El Universo no tiene prisa, y todo va sucediendo a su tiempo. Pero a veces el volver a tierra se hace necesario, ¡y más cuando una camisa tendida echa a volar!

 

Unas burbujas
y un poco de paciencia…
Mi té está listo.

En mi ventana
postergando tareas
lenta una hoja…

Ropa tendida.
Entre pinzas te cuelas,
hoja ya seca.

Vieja camisa,
Se te lleva una ráfaga…
¡Suena un portazo!

 

hoja-seca

 

Si llega el viento
veletas van las hojas
a donde dice.

Van por el aire
mecidas mis preguntas,
como hojarasca.

Sol, cuatro nubes.
Planear de pardales.
Media mañana.

Brisa, los álamos
hoy te delatan trémulos
tras los cristales.

 

CONTINUARÁ…

©Emilio Ramón Pérez López

 

 

Comentarios sobre la decimoprimera entrega

La vista desde la ventana sugiere lentitud a través de los tres primeros haikus de la serie inicial. A través de palabras como paciencia, postergando, o lenta se crea esta sensación que resulta rota por el cuarto poema de la serie.

De pronto el viento irrumpe con fuerza en forma de corriente provocando un portazo. La camisa vuela como las hojas secas, sugiriendo la necesidad de desapegarse y soltar también de quien observa parapetado tras de esa ventana.

Los árboles se desapegan de forma natural, sueltan cada otoño, sabiendo que así cerrarán un ciclo y podrán abrirse a las nuevas flores y hojas en primavera. A los seres humanos nos cuesta más soltar. A veces no queda otra que el dejar forzoso. O sueltas tú, o te envío al viento para que te ayude a darte cuenta, parece decir el universo.

 

Fluir con el orden natural

En la segunda serie el viento sigue siendo protagonista, como ese elemento que ayuda a los árboles a desnudarse y a desprenderse de lo que ya está viejo y debe marchar. Las hojas acatan la decisión de la Gran Madre, y parecen obedecer al orden natural sin necesidad de oponer resistencia, al contrario de como solemos hacer los humanos tantas veces.

La observación de la naturaleza nos lleva hacernos preguntas, a encontrar analogías y respuestas en todos esos movimientos del viento, de los árboles. Nos vemos reflejados en ellos puesto que somos parte del mundo en el que habitan. El parecido en muchos de sus procesos nos lleva a esa identificación y a sentirnos cada vez más parte de esa totalidad por medio de la observación consciente.

Lo esencial es invisible a los ojos.
«El Principito». Antoine de Saint-Exupéry.
Los pardales planean como las hojas, como la camisa arrebatada. Dentro de las dos series se instala el movimiento y la repetición, confirmando sensaciones, intuiciones… Nuestros ojos no pueden ver al viento, a la brisa. Pero sabemos que existen porque los árboles, las hojas, la camisa se mueven. Lo mismo que no podemos ver el amor, pero sabemos que es algo real cuando vemos la sonrisa de un niño al ser abrazado por su madre.

 

 

Si quieres leer las entregas anteriores del libro puedes hacerlo desde la etiqueta de El estornudo de un estornino.

 

*Foto destacada de hoja seca Imagen de Mabel Amber, still incognito… en Pixabay

**Imagen de tetera y taza de té cedida por dungthuyvunguyen en Pixabay

Share: