El mundo en mi bastón, kilómetros en vela. ¿Cómo dormir pudiera en esta noche de estrellas?

Ha pasado tiempo, pero hoy retomo esta serie de canalizaciones o inspiraciones que me han empezado a llegar visualizando cada arcano mayor del Tarot de Marsella.

Ahora la que me llama es la que actúa de comodín o se mueve por el tablero del viaje del alma como quiere: El Loco.

También es la energía desbordante, juguetona y desenfadada que busco para este momento. En el que, haciéndole caso de una vez, me puse por fin en el camino.

Puedes leer aquí la primera con la carta XXI El Mundo que, curiosamente, me hizo empezar por el final.

 

Pero… ¿De dónde me llega esto?

Eso me pregunto cada vez que termino de escribir. A veces tengo claro que es un diálogo con nuestros guías o con espíritus afines, especialmente cuando lo hago desde la conexión a los Registros Akáshicos.

Eso sí, desde una vibración alta y desde la calma. Conectarse a los Registros no garantiza una respuesta o mensaje elevado si estamos en baja frecuencia, eso también lo he comprobado.

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Il matto. Tarot de Soprafino. 1835.

Con espíritus o seres curiosos y entrometidos otras veces. En este caso, lo sé porque siento que intentan decirme algo, porque a veces el mensaje no es provechoso para mí, se diría que buscan algo, no ayudar.

Otras veces siento que soy yo, que lo que sale nace a partir de lo que me ha ido llenando y se transforma en y a partir de mí.

 

Mensajes de procedencia incierta

Pero en otros casos, como en este, no sabría decir. Puede haber una combinación de palabras que salen de lo que he interiorizado del arcano y de mensajes susurrados, pues no llegó esta vez tan fluido como en el caso de la carta del Mundo, donde sentí casi como si me dictaran.

Más tiene que perder aquel que tira la piedra que quien recibe la pedrada, pues el que la lanza tendrá tiempo, mucho tiempo y trabajo de enmienda, y quien la recibe paga, y con ello se libera.
De pronto al mirar y pensar en la carta siento como si fuera esa figura, y tanto me meto que incluso algunas partes parecen escritas en un castellano de hace mucho tiempo, siglos, diría.

Si me han prestado esas palabras no lo sé, pero desde luego yo no hablo así ni tengo a flor de piel lecturas de esas épocas con ese lenguaje. No suelo leer textos antiguos. Quizás otros que fui antaño recuerdan… quién sabe… Todavía estoy aprendiendo a discernir sobre lo que recibo. En fin, así llegaron estas palabras y así os las dejo.

 

Y la carta de El Loco me dijo…

(Escrito el 18-5-19).

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El Loco. Tarot de Marsella Jodorowsky-Camoin.

Poco me importa lo que digan de mí. Soy afortunado por vivir bajo un manto de estrellas. Como ellas, soy errático. Mi discurso puede resultar confuso a veces, pues me distraigo con cualquier cosa.

Como un niño juego, me divierto, sin pensar en el mañana. ¿Para qué? Si solo hay hoy realmente. Voy en busca de aventuras, tesoros insondables, manjares deliciosos que recibo en pequeñas posadas y en grandes banquetes.

Vivo donde quiero, me quedo donde gusto, y a cambio de divertir a grandes y pequeños tengo todo lo que necesito. Les cuento historias, de mis andanzas, y a todos maravillo.

Mi perro comparte mi comida, viandas sencillas pero suficientes. En algún Palacio me espera un harén y grandes riquezas, y si no, ¡pues carretera y manta!, ¡hacia la siguiente parada!

En mi hatillo llevo lo que considero esencial para el camino, y también aquello que me ha hecho, y de lo que me voy deshaciendo por el mismo cuando ya lo he comprendido, cuando ya lo he integrado. En mi pequeña bolsa llevo a mi familia, a mis ancestros, llevo todo lo que he sido: Reyes, Princesas, guerreros, soldados, artistas y amas de casa. Los animales más extraños y odiados y aquellos más queridos. Todo lo que la Tierra ha dado cabe en mi mochila. Atrás la llevo y a veces pesa. Pero cuando así sucede, suelto, aflojo, ¡y vuelvo a caminar ligero!

No sé muy bien a dónde voy, y a veces tropiezo por mi atolondramiento, pero una cosa sé: confiando llego, siempre llego. Porque mi Padre es justo, me guía siempre aun sin poder verlo en mi ceguera. Pero eso sí, sentirlo lo siento como ninguno.

Unos cascabeles avisan de mi presencia, y provocan la risa en grandes y pequeños. Que se rían conmigo me gusta, que lo hagan de mí me resbala. Más tiene que perder aquel que tira la piedra que quien recibe la pedrada, pues el que la lanza tendrá tiempo, mucho tiempo y trabajo de enmienda, y quien la recibe paga, y con ello se libera*.

Por los campos me muevo, y el trigo me acaricia, también mi perrito, ese instinto que me guía. Si mis zapatos se rompen de tanto andar, me mojo los pies en el río. Si tengo frío, con mi hatillo me hago unos nuevos. ¡Ah!, ¡qué bonita es la vida cuando se mide en un instante, qué larga y triste se puede hacer cuando se alarga en el recuerdo o en el anhelo!

¿Preocuparse, de qué? Me pregunto siempre. Andar, andar, recorrer, caminos y veredas, posadas y Palacios. El mundo en mi bastón, kilómetros en vela. ¿Cómo dormir pudiera en esta noche de estrellas?

Vivir la vida, sorberla con descaro es mi afición. Alocado dicen que soy, pero quizá por eso no tengo miedo, quizá por eso avanzo, me muevo ligero de equipaje hacia donde siento. Hacia donde quiero. El corazón es mi guía, el Mundo mi destino. En casa paro, pero en casa nunca me quedo, ¿pues cómo podría hacerlo si millones de casas me esperan en cuanto pongo los pies en el suelo?

 

*Únicamente he cambiado, pues sentía que debía redondearla, esta parte:
«… y quien la recibe paga, y con ello se libera*. Originalmente me vino: «… y quien la recibe paga, y con ello se queda libre».

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