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DECRETO: la poesía del alma, la poesía del corazón

 

DECRETO

Me libero de la rabia y la frustración.
Agradezco la experiencia.
Agradezco al enemigo y lo convierto en amigo
del alma.
Gracias, gracias, gracias.

Emilio Ramón

 

La poesía del alma, la poesía del corazón

He dudado, a la hora de poner estas palabras en la categoría de «Poesía». Son un simple decreto, más que un acto literario.

Nuestros enemigos en la Tierra no son otra cosa para nuestra alma que actores haciendo el papel de adversarios en nuestra película de la vida.
Pero, por cómo me sentí durante el día, por cómo noté mi vibración subir al haber hecho este decreto tal y como me salió nada más despertarme, siento la poesía en ellas, la poesía del amor incondicional universal.

Y es que, cuando agradecemos, cuando soltamos emociones que nos hacen daño, el universo parece bailar de alegría en una danza sin fin, como la carta de XXI El Mundo del Tarot de Marsella, y lanzar sobre nuestra cabeza una lluvia de amor más puro que el cacao 100%.

Una vez entendemos que lo que es afuera es adentro, y que nuestros enemigos en la Tierra no son otra cosa para nuestra alma que actores haciendo el papel de adversarios en nuestra película de la vida, todo cambia radicalmente.

Dejamos que nuestro ego, que tanto se apega a todo tipo de emociones, suelte el timón, y desde nuestra alma nos enfocamos en comprender a nivel profundo el por qué de esa situación, de esa emoción. Sacamos conclusiones desde el alma, no desde el ego.

 

Ese «darse cuenta», ¿cómo hago?

Para eso tenemos que haber trabajado antes en ese proceso de desidentificación de nuestro ego que trae la meditación. Aunque no es la única manera, y cada persona puede encontrar la suya.

La buena noticia es que la vibración actual de la Tierra favorece ir más rápido hacia ese despertar.
El caso es lograr separarse, darse cuenta de que no somos ese ego, esas emociones, sino algo que va mucho más allá. Cómo consigamos ese «darse cuenta» es cosa nuestra.

En mi caso sucedió a través de la meditación, y de muchas maneras. Meditando en el silencio, con los sonidos de la naturaleza, con música de cuencos tibetanos, con caminatas largas por la naturaleza, a través del arte y la sublimación que conlleva, saliendo a correr por las mañanas, a través de la escritura de haikus, etc.

Es un proceso largo, puede llevar años, una vida entera, varias vidas, cien vidas. Requiere constancia pero, la buena noticia es que la vibración actual de la Tierra favorece ir más rápido hacia ese despertar.

Ya no necesitamos muchas vidas para comprender esto. Si nos ponemos a la tarea con constancia, abriendo el corazón y dejando la mente a un lado por un momento, ese clic llegará en el momento menos pensado.

Aquí te cuento en este sitio web un poco más sobre mi proceso, por si te apetece saber más.

 

La pastilla roja o la pastilla azul

La fotografía encaja perfectamente con estas palabras y emoción. Está tomada con el móvil (como el resto de fotos que publico en este blog) en un precioso atardecer en el Jardín Botánico de Perdana, Kuala Lumpur. Ya publiqué otras fotos de este día en el artículo anterior.

 

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«Dos amigos. Atardecer en el lago». Jardín Botánico de Perdana, Kuala Lumpur (Malasia).

 

Los seres humanos vamos a amarnos por mucho que les joda a quienes se nutren como parásitos de nuestro dolor.
 Esos dos hombres, uno de rojo y otro de azul, parecen simbolizar esa pastilla roja o azul que el sistema perverso, y mátrix en la que unos pocos quieren mantenernos, nos hace tomar, queramos o no.

Vivir en los opuestos, en la dualidad, en la derecha azul o en la izquierda roja, enfrente del otro, no abrazándolo, amando sus imperfecciones como haríamos cuando estamos en nuestro centro.

Es increíble cómo los improvisados modelos de mi foto, que en aquel momento al tomarla no tenía ni idea de que acabaría en este artículo, se colocaron el rojo a la izquierda y el azul a la derecha. Algo en mí sabía que la iba a usar.

Esta fotografía parece, con esos dos hombres en actitud amistosa ante ese glorioso atardecer, una patada en el estómago a ese sistema que está cayendo, derrumbándose.

Mi querido ego se viene arriba y proclama que no nos tragamos más pastillas, ni roja, ni azul, ni lacitos amarillos, ni rosas, ni nada más (porque sí, hay una tremenda manipulación a través de esos símbolos).

No cuela. Se acabó. Los seres humanos vamos a amarnos por mucho que les joda a quienes se nutren como parásitos de nuestro dolor.

Y mi alma sonriente concluye que, por cierto, también os agradezco a los malvados ese papel de antagonistas, o no estaría pudiendo llegar hasta este punto. ¡Os amo también y os convierto en amigos del alma, qué leches! 🙂

 

*Fotografía y texto: Emilio Ramón © suikawari.com. Imagen de dos amigos en el lago en el Jardín Botánico de Perdana al atardecer. Kuala Lumpur, Malasia.

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