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Cuando el cuerpo pide un cambio. Kopan, El Papa y el VI de Oros

Me siento menos vulnerable, más poderoso, con cada reto que voy superando, con cada herida del pasado que se va cerrando poco a poco.
Han sido casi dos semanas enclaustrado por voluntad propia en el Monasterio de Kopan, Kathmandú.

8 días de estancia privada, y otros cinco de un curso introductorio al budismo. 13 dias en total. El 13 de la transformación profunda en la que sigo inmerso. 13 años viví en Granada antes de iniciar este viaje sin billete de vuelta. 13 días de removerme increíblemente.

Este va a ser un artículo extenso, en el que se mezclen mi experiencia en un monasterio budista, la numerología, el lenguaje de los sueños y una lectura de Tarot muy breve, hablando de la transición desde ese tiempo a la parada siguiente. Veamos si consigo hilarlo…

 

Kopan, visita obligada en Kathmandú, sobre todo para mí…

Había soñado con hacer un retiro o alojarme en un monasterio desde hacía años. Y la ocasión la tuve por fin en Nepal. Por todo lo que leeréis, si llegáis hasta el final de esta larga entrada, fue un momento lleno de magia y mensajes para mí.

Antes de emprender mi viaje, una persona me dijo que me estaba viendo como monje en Nepal, en lo que sentía como una vida pasada. Si vemos que el año de fundación de Kopan es mi año de nacimiento, resulta realmente curioso que haya acabado visitando este lugar, como si sintiera que tenía que recordarme o removerme algo.

El Monasterio de Kopan tuvo sus inicios en la región de Solukhumbu de las montañas del Himalaya en 1971.
Como reza su sitio web, justo al norte de la antigua ciudad budista de Boudhanath se encuentra la colina de Kopan, que se eleva desde los campos escalonados del valle de Katmandú.

Dominado por un magnífico árbol de bodhi, fue el hogar del astrólogo del rey de Nepal. Esta misma colina es ahora el hogar del Monasterio de Kopan, un monasterio en la tradición Gelug del Budismo Mahayana Tibetano bajo la dirección del Lama Zopa Rimpoché.

Es el hogar de 360 ​​monjes, lamas, maestros y obreros. Los monjes provienen de todas las áreas de Nepal y el Tíbet, con edades comprendidas entre los siete y los sesenta años. Han dedicado sus vidas al estudio. Visitantes de todo el mundo vienen aquí para asistir a cursos y disfrutar de la atmósfera espiritual del lugar para estudiar y practicar. 

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Sabiduría y juventud. Monjes en Kopan.

 

El verdadero jardín de ensueño

En Kathmandú es famoso el The garden of dreams, muy bonito lugar, algo abarrotado por turistas y locales. Pero el verdadero jardín de ensueño se encuentra en Kopan.

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Jardines del Monasterio de Kopan.

 

Los increíbles jardines y preciosas estupas del Monasterio me cautivaron desde mi llegada y me costaba irme a dormir tras pasear por ellos, una vez iluminados al caer el sol. Sencillamente mágicos. Había un montículo desde el que saqué esta foto. Las vistas del jardín y del Valle de Kathmandú son indescriptibles.

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Jardines del Monasterio de Kopan, iluminados al anochecer.

 

En una de esas noches mágicas me encontré con una escena sacada de El Club de los poetas muertos. Algunos compañeros que escribían poesía se habían reunido con unos amigos poetas nepalíes para compartir sus poemas en los jardines a la luz de las velas. Y extraer, como decían en la historia, «todo el meollo a la vida» a través de las palabras que sonaron en inglés, nepalí, y en mi castellano.

Lo más alucinante es que en uno de los últimos artículos de este blog había hablado de la película y días después se materializaba en mi realidad una escena de la misma. Eran ese tipo de eventos sincrónicos lo que me hacía percibir la rapidez con la que se manifestaba todo.

 

Un amanecer que merece la pena contemplarse

De uno de esos encuentros salió otro para ver el amanecer, sobre las cinco de la mañana. Uno de esos momentos en los que el Valle de Kathmandú se muestra casi silencioso. Y digo casi, porque jamás lo está completamente.

 

En la foto se aprecia al fondo el Monasterio de Pullahary, justo enfrente del de Kopan. Precioso, por cierto. Mucho más reciente en cuanto a su fecha de construcción. Merece la pena visitarlo también.

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Habitación individual con vistas, baño y escritorio, Monasterio de Kopan.

 

En Kopan, me alojé primero en una habitación privada. Era la más cara, pero la que me había gustado de la web, por las vistas y porque tenía escritorio. Tenía pensado escribir y meditar mucho. No contaba con toda la gente que conocería allí.

Y me acabé dando cuenta además, de que como más inspirado me suelo sentir al escribir, es en cafeterías, y espacios al aire libre, terrazas con vistas… con gente o un bonito paisaje al que mirar cuando necesite levantar la vista.

Decidí para el curso mudarme al dormitorio compartido de diez camas. Un gran reto que debía superar en este viaje, tras haberme acostumbrado a dormir solo durante los últimos meses. ¡Y vaya si lo superé! Algo de lo que estoy realmente contento. ¡Creía que no sería capaz de dormir de nuevo con tanta gente en la misma habitación!

Y si hablamos de que esto me conecta con un trauma de infancia que estaba intentando superar en los últimos tiempos, la cosa ya va para nota. Me siento menos vulnerable, más poderoso, con cada reto que voy superando, con cada herida del pasado que se va cerrando poco a poco.

 

Cuando lo esencial es invisible a los ojos

Las enseñanzas, la magia, la sincronicidad constante, me han llegado cada uno de los días, pero no entre las lecciones de ese curso ni de parte de sus maestros, sino entre bambalinas; disfrazadas de la vida misma. De nuevo, una vez más, confirmo y siento que debo seguir mi camino, a mi manera.

Fue muy gracioso cómo distintos accidentes confirmaban simbólicamente que aquello que se decía no era para mí y que debía prestar atención a lo que ocurría alrededor, al «mientras tanto».

Por ejemplo, como que el inglés con acento tibetano de los monjes hiciera imposible entenderlos en muchos momentos. Que el del traductor fuera aún peor a pesar de sus esfuerzos. Que el sonido del micro hiciera que parte del discurso se perdiera. O que, a menudo, un avión ruidoso pasara por encima tapando unos cuantos párrafos.

Yo me reía ante todo esto que, para mí, era señal de que lo que debía aprender estaba en las afueras del evento.

 

La vida es aquello que te sucede mientras…

…estás ocupado haciendo otros planes.

John Lennon.

«Puja» u ofrenda en la «Main Gumpa» o Templo principal del Monasterio de Kopan.

 

Y así terminé haciendo cuatro lecturas esa semana y recibiendo algo de dinero.
Asistí como espectador también a los rituales de los monjes budistas con una cierta distancia. Me había apuntado al minicurso de cinco días de introducción al budismo sin expectativas. De hecho, mi único interés era seguir respirando la calma del monasterio, sintiendo la energía poderosa que movía esas sincronicidades de forma increíble.

Era asombroso cómo se desenvolvía todo. En un principio fui con la idea de encontrar calma y meditar, y acabé haciendo una lectura informal numerológica a una chica, no recuerdo cómo surgió la cosa. Luego se lo empezó a decir a otra gente, asombrada por los resultados y coincidencias.

Y así terminé haciendo cuatro lecturas esa semana y recibiendo algo de dinero. Que más allá de la cantidad, importaba por lo simbólico y por la apreciación de esta nueva capacidad que estoy desarrollando. El ver cada vez más cosas en los números y en los demás a través de ellos.

No podía sacar las cartas del Tarot allí pero el tema numerológico era más discreto y surgió sin buscarlo. Las circunstancias y las personas me decían que sí, que continuara estudiando y trabajando en ello porque merecía la pena.

 

Sincronicidades tras cada lectura

La primera lectura que hice, usando la numerología pitagórica y la fecha de nacimiento, le dio a la persona a quien se la hice una clave importante para ella.

Le pedí que prestara atención a sus sueños y sincronicidades esa noche, porque probablemente recibiría algún tipo de confirmación sobre lo que le había dicho.
Su cumpleaños había sido el día anterior a la lectura, así que acababa de iniciar una transición de su año personal 3 al año 4.

Para resumir (ya hablaré más adelante de todo esto), en numerología pitagórica tenemos ciclos de nueve años. El año con una vibración 3 habla de extroversión, apertura, mientras que el año 4 nos invita a concretar, a materializar con constancia y de forma disciplinada y estructurada, a estabilizarnos.

4:44

Esta chica estaba justo pasando de un momento a otro de su ciclo. Le pedí que prestara atención a sus sueños y sincronicidades esa noche, porque probablemente recibiría algún tipo de confirmación sobre lo que le había dicho.

Y así fue. Al día siguiente me confesó emocionada que se había despertado a media noche. Al mirar el reloj eran las 4:43 e inmediatamente dieron las 4:44. Le pareció exraño despertarse así pero sintió que se relacionaba con lo que le había dicho y me lo contó. Rápidamente vi el mensaje: una confirmación de que estaba en ese tránsito del año 3 al 4, pero que ya comenzaba ese 4 y debía sintonizarse con esa energía y vibración para fluir con su momento.

Al día siguiente comenzaba el curso y ambos estábamos apuntados. Cuando nos dividieron en grupos para la hora de los debates cada uno fue asignándose un número en voz alta dentro de un grupo. Al acercarse a ella sentí rápidamente, aún faltando una fila completa, que diría: «4», ¡y así fue de nuevo! Nada más pronunciarlo se giró con la boca abierta para mirarme y no pude evitar susurrarle: «¡Lo sabía, sabía que serías la número 4!».

 

Y le llegó el turno al número 5…

Porque en una de las lecturas posteriores, del 4, pasamos a otra chica que estaba en su año personal 5 del ciclo. Un año de cambios, viajes, libertad, nuevas relaciones, aprendizajes. Justo como ella confesó que se sentía.

Esta otra chica siguió contándome en los días sucesivos cómo el número 5 se le iba repitiendo por todos sitios. Y con esa retroalimentación yo sentía que iba por buen camino, que estaba realmente fino.

 

Cuando no sabes por qué, pero sientes que debes estar allí

En el monasterio no medité todo lo que hubiera deseado, o las meditaciones no fueron todo lo espectaculares que hubiera esperado, pero notaba cómo mi intuición estaba realmente aguda.

Meditando en el Templo principal del Monasterio de Kopan.

 

Como en una película de vampiros, era persuasiva, seductora, hablaba con aire misterioso y me miraba fíjamente a los ojos como si quisiera hipnotizarme.
No estaba de acuerdo con muchas de las cosas que escuchaba de los monjes, pero de buena parte de ellos me llevé su alegría, energía, positividad y calma, por lo cual les estoy muy agradecido.

De nuevo otro «no»: no encontraba nada resonante en todos aquellos iconos, pero a la vez me sentía en paz en aquel lugar.

En ocasiones el calor y la falta de ventilación, al haber muchas personas en el curso, hacían que notara también un cambio de energía. Sucede cuando hay mucha gente en un lugar, se nota denso enseguida. Los monjes se trabajan mucho la vibración, pero no ocurre con todos los que venimos de fuera de la misma manera.

Y sentía claro que no quería hacer el curso ya desde el segundo día, porque nada resonaba conmigo. Pero sabía que debía permanecer alerta, y en ese lugar, unos días más.

En paralelo a los encuentros que me animaban a seguir mi camino, hubo otros que parecieron confirmar también que cuando haces algo que merece la pena y es útil y sanador para otros, el lado oscuro de la fuerza intenta frenarte como sea.

 

Una auténtica película de vampiros

Una persona apareció de la forma más rocambolesca que podáis imaginar con un mensaje para mí. Como en una película de vampiros, era persuasiva, seductora, hablaba con aire misterioso y me miraba fíjamente a los ojos como si quisiera hipnotizarme. Quizá también para dar un aire de importancia y solemnidad a sus mensajes.

Según ella, tenía que enseñarme a usar mi «gran don», pero primero debía callarme y no seguir haciendo lo que hacía hasta que mis chakras estuvieran trabajados. Debía cerrar mi tercer ojo y dejar de canalizar para no confundir a otros con mis palabras desacertadas.

Parecía leer mi pensamiento. Como si algo oscuro en ella quisiera competir conmigo, anularme. Me adulaba y después intentaba hundirme en la miseria. Yo observaba y le dejaba abierta la puerta a la posibilidad de que tuviera razón. Pero… ay… si la contrariaba, notaba intensos dolores de cabeza, sentía una energía densa y depresiva envolviéndome.

Si no hubiera sucedido el sentir que estaba afectando positivamente a otros con lo que hacía, porque ellos mismos me lo decían, podía haber caído en la trampa. Me costó deshacerme de esa influencia pero finalmente desapareció días después cuando se sintió desenmascarada, no sin dejar en mí secuelas a nivel energético.

Me había regalado un colgante que insistió llevara puesto en todo momento. Al ver claro dónde me estaba metiendo lo tiré y me deshice de él. De su energía no fue tan fácil liberarme. Necesité varios días.

 

Los números contienen mensajes, también los nombres

Pero estando atento a cuanto pasaba vi cómo el universo, la vida, mis guías, mi alma… me avisaban de lo que estaba aconteciendo. El nombre de esta persona sonaba prácticamente igual que el de otra que había intentado engañarme días antes, y que el de otra más que se conectaría simbólicamente con ellas.

Así que me refugié en el templo para meditar y pedir una señal clara a mis guías.
Ese nombre y ese sonido parecían asociarse a la idea de engaño y manipulación. Y así me avisaba todo de que había gato encerrado.

Estaba confundido. Tal vez planteándome la posibilidad de estar haciendo algo mal. De que esta persona, que parecía saber mis puntos débiles, tuviera algo de razón. Así que me refugié en el templo para meditar y pedir una señal clara a mis guías.

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Monje encargado de abrir y custodiar el templo principal del Monasterio de Kopan.

 

¡¡¡Una enorme rata de pronto apareció corriendo hacia mí y pasó por debajo de mis piernas desapareciendo entre la maleza!!!
Esta jovencita decía sentirse como si tuviera 200 años (en lugar de los 19 que tenía). Y había, literalmente, subyugado a otras dos, que tenían muy buena relación conmigo hasta ese momento, apartándolas totalmente de mí y poniéndolas en mi contra. ¿Celos?

¡¡¡Era increíble!!! Pude ver el desastroso resultado al confesarme estas dos personas que se sentían deprimidas tras nuestro desencuentro, provocado por este misterioso y negativo personaje.

La vida tardó menos de una hora en traerme la respuesta o señal que había pedido. Una tercera persona, con nombre casi igual a las otras dos, me contaba su problema: había sufrido lo mismo que yo.

Y con esa resonancia en cuanto al nombre, parecía confirmar la relación entre los eventos, y aparecer como aviso de otra nueva forma de manipulación y chantaje emocional que llegaba con ella. Para entonces ya estaría sobre aviso gracias a esas señales, y podría tomar la debida distancia.

 

El lenguaje simbólico de la vida

Por si fuera poco, al día siguiente, pensando en todo esto, sentado en un banco de los jardines ¡¡¡una enorme rata de pronto apareció corriendo hacia mí y pasó por debajo de mis piernas desapareciendo entre la maleza!!!

Me pregunté inmediatamente sobre el simbolismo de la rata para entrever el mensaje del universo para mí en ese momento. Y recordé que en los sueños la rata simboliza una conducta malintencionada acechando. También es un animal rastrero, que se asocia a la suciedad, a las alcantarillas, al subsuelo o a un plano oscuro por debajo de nosotros.

Estaba clarísimo el mensaje: guárdate de esa persona, y por asociación en cuanto a esos tres nombres, guárdate de las tres. Van conectadas a una energía que no te conviene.

Pero como el universo no da puntada sin hilo, aquí no había culpables, víctimas o verdugos, sino aprendizajes y oportunidades de entender cómo estamos por dentro en cada momento.

Nuestro inconsciente, también nuestros guías y maestros espirituales, usan ese lenguaje simbólico todo el tiempo para comunicarse con nuestra mente consciente.

Lee este artículo si quieres saber más sobre cómo funcionan estas conexiones

 

El valor del silencio

Salí malparado, energéticamente hablando, de los últimos sucesos. Pero con un gran aprendizaje, revelaciones y confirmaciones preciosas para mí.

Dejé atrás esos 13 días el Monasterio, con el cuerpo pidiéndome socializar, hablar de nuevo tras cinco días de silencios obligados por las normas del curso. Había descubierto en ese no hablar una comunicación preciosa con mis compañeros más allá de la palabra, alma a alma, que resultó muy reveladora.

Pero a pesar de reconocer el valor en ese silencio, sentía que estaba en este momento forzando, luchando contra la energía natural de mi ciclo personal, que me pedía abrirme tras varios años de introspección. Tenía en dos semanas un retiro de meditación vipassana confirmado en Kathmandú, pero la piel me pedía la brisa de los lagos de Pokhara de nuevo.

 

V El Papa mirando al VI de Oros: la respuesta a mi confusión

Tras más de dos semanas sin consultar a mi querido Tarot de Marsella pedí un consejo para ese día. Pedí una carta que, me llevó a otra más.

Ese 6 de Oros habla de disfrutar, del placer de los aspectos materiales, en contraposición a la espiritualidad y conexión con lo celeste representada en el Papa.
Tenía en mente si debería asistir a ese retiro de meditación Vipassana en menos de dos semanas o dejarme llevar por el espíritu de apertura y socialización que sentía al escuchar a mi cuerpo.

V El Papa (mira a) – VI de Oros.

Si observamos las cartas, de entrada podemos apreciar que parece haber una progresión. Del 5 al 6.

V El Papa. Tarot Marsella Jodorowsky-Camoin.

VI de Oros. Tarot Marsella Jodorowsky-Camoin.

 

El Tarot, espejo del inconsciente

Ese Papa me hacía verme reflejado en su espejo. Era yo en ese modo espiritual, pero a la vez con el número 5 del cambio sobre mi cabeza.

Miraba al 6 de Oros, especialmente parecia observar al sexto oro, al de arriba. Como queriendo pasar del 5 de su número al 6. ¿Una recomendación a disfrutar el momento??? Ese 6 de Oros habla de gozar, del placer de los aspectos materiales, en contraposición a la espiritualidad y conexión con lo celeste representada en el Papa.

Estoy en una fase, o vengo de un momento más espiritual, pero el cuerpo me pide disfrutar lo material y relajarme un poco.

Y así fue como comprendí clarisimamente que las cartas reflejaban mi momento y esa dualidad. No había más dudas. Ya habría tiempo para seguir meditando, así que cancelé el retiro y me dispuse a volver hacia Pokhara…

 

*Foto destacada de Monje en los jardines del Kopan Monastery, Kathmandu, por Emilio Ramón.

**Todas las fotos ©Emilio Ramón, suikawari.com, excepto imágenes del Tarot de Marsella de Jodorowsky-Camoin.

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